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Carta a un desconocido

Posted on Nov 19, 2015 by in PENSAMIENTOS | 0 comments

 

No estoy soñando. Siempre creí que ese tipo de cosas nunca me tocarían pero esta vez la pesadilla se ha vestido de realidad. Y aquí me encuentro, sola, en nuestro cuarto, llenando mis pulmones de los restos del olor que has dejado entre las sábanas.
Retrocedo la mente y pienso en ayer. Saliste de casa con una sonrisa dibujada en tu cara anticipando la noche que te esperaba. Te di un beso sin apenas mirarte y te dije hasta luego mientras me apresuraba por terminar las últimas hojas del libro que estaba leyendo. No te dije que te lo pasaras bien porque sabía que lo harías y esta vez tampoco te avisé de que tuvieras cuidado al volver, pues a veces tengo la impresión de ser tu madre de tanto repetirtelo, lo siento pero es que no me gusta que cojas la bicicleta por las noches.
Terminé mi libro, me metí bajo la ducha y cené al mismo tiempo que jugaba enredando a nuestro gato en una cuerda como las que se utilizan para tender la ropa.
De repente, un mensaje. El lugar en el que te encuentras ha sido objeto de secuestro y las personas están armadas. No reacciono, no río, no lloro, no hablo, como si no me diera cuenta de lo que acabo de leer, pasan los minutos y comparezco inmune a la vez que mi cuerpo tiembla y mis dientes tiritan cual persona congelada de frío. Pongo la televisión en búsqueda de respuestas, te llamo por teléfono y no respondes.
Fin del secuestro, las noticias no son precisas; te sigo llamando y suena en el vacío. Sé con certeza que sería la primera persona a la que contactarías y pienso que puede ser probable que hayas perdido tu teléfono entre la multitud o que estés agrupandote con tus amigos y buscando un lugar para refugiaros.
Marco el número de emergencia esperando recibir información, oigo jaleo, agitación, apenas saben qué decirme, hay gente herida de camino a los hospitales, el recinto está precintado. El miedo me empieza a invadir y entre sollozos le digo a la operadora que me mantenga al corriente de cualquier dato.
Cuelgo. Las lágrimas me bañan la cara y resbalan por mi cuello, cojo mi móvil con manos temblorosas y miro la hora, guardo la esperanza de que suene de un momento a otro y poder escuchar tu voz al otro lado.
La noche pasa sin noticias, he estado en vela y la incertidumbre me ha dejado tan agotada que me duele hasta la extremidad más profunda de mi cuerpo. Estoy mareada y tengo ganas de vomitar.
A las diez de la mañana suena el teléfono. Han encontrado tu documentación junto al cuerpo de un joven inerte; me piden colaboración para identificarlo.     No me creo que esto me esté pasando, me pellizco con la esperanza de no sentir dolor, tengo la impresión de ser la protagonista de una de esas películas que vas a ver al cine con el paquete de pañuelos al lado porque sabes que acabarás llorando.
La peor pesadilla se confirma, te has ido y lo que nos queda solo son tus recuerdos. Tengo la sensación de no haber disfrutado lo suficiente de tu compañía, que hemos perdido tiempo discutiendo por tonterías y que no hemos aprovechado las cosas buenas que nos rodeaban, y pensándolo bien, todas las cosas que nos rodeaban eran buenas.
Me niego a admitir que ese viaje que teniamos planeado nunca lo vayamos a realizar, que esa casa con terraza que tanto ansiábamos nunca será nuestra, me cuesta imaginar que no tendré a nadie a quien echarle la bronca por no quitarse los zapatos al venir de la calle y por no meter la ropa sucia en el cesto de la lavadora. Quién va a escuchar mis ideas locas de domingo por la tarde?
Y aquí me encuentro, en cama, con tu pijama doblado sobre ella como si fueras a llegar de un momento a otro.
Me acuesto, tu lado está frío pero siento tu presencia, la cama se me hace grande, el silencio me da escalofríos, me parece increíble aceptar que ya no volverás.

Ojalá mañana despertara y todo fuera un mal sueño, ojalá abriera los ojos y te encontrara a mi lado, ojalá siguieses estando aquí conmigo y pudiéramos continuar utilizando el término ‘mañana’ ajenos a que el ‘hoy’ y el ‘ahora’ es lo único de seguro que tenemos en esta vida.

“Cuida el presente porque en él vas a vivir el resto de tu vida” Facundo Cabral

A todas las victimas de la barbarie,

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